Cuando llegué no estabas...
no sé, dejame recordar.
La plaza solitaria, el cedro de la esquina,
el chivato en el centro, el templo parroquial.
De pronto te levantas, soberbio, sin igual.
Mirando desde enormes ventanales
al pueblo que pasaba sin atreverse a entrar
Permaneciste tieso, aletargado y frío.
A veces un bostezo te hacía temblar
y recuperabas una sonrisa triste
de un poco de cultura, un poco nada más.
No importa ahora aquello.
Ahora recibirás
a quienes ya parieron hijos
mejillas de lapacho, sueños de jacarandá.
Estos locos poetas, con rimas en las manos
con Luces en el Alma
te van a iluminar.
Thona 1998 Ago.
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